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El healthy aging empieza a venderse desde los 35 años, no desde los 50

El healthy aging empieza a venderse desde los 35 años, no desde los 50

La industria de la longevidad está adelantando el momento de captar al consumidor

Durante años, la economía de la longevidad ha construido buena parte de su estrategia comercial alrededor de los mayores de 50 años. Esa frontera empieza a quedarse corta. Centrum, marca de Haleon, acaba de lanzar en Estados Unidos Centrum Age Defy específicamente para adultos de 35 años o más, mientras mantiene Centrum Silver para el público de 50+. El movimiento resulta mucho más interesante por lo que representa que por el producto concreto: una de las marcas de nutrición más reconocidas internacionalmente está convirtiendo el healthy aging en una práctica que debe comenzar durante la treintena, cuando el consumidor todavía no se considera “mayor”. Age Defy se presenta como una formulación destinada a apoyar 16 áreas relacionadas con el envejecimiento saludable, incluyendo corazón, cerebro, sistema inmunitario, energía, metabolismo, salud vascular y celular. La formulación incorpora, entre otros componentes, resveratrol y niacina, y la compañía ha construido su posicionamiento alrededor de una idea inequívoca: el envejecimiento saludable es un proceso que se gestiona durante toda la vida adulta, no una intervención que comienza cuando aparecen las primeras limitaciones. La estrategia tiene una enorme lógica biológica. Aunque una persona de 35 años pueda encontrarse muy lejos de cualquier percepción subjetiva de envejecimiento, algunos procesos fisiológicos relacionados con la pérdida de capacidad comienzan precisamente durante esa etapa. Los National Institutes of Health sitúan alrededor de los 30 años el comienzo natural de la pérdida progresiva de masa muscular y estiman una reducción aproximada del 3% al 5% por década. El National Institute on Aging señala que masa y fuerza muscular alcanzan generalmente su máximo alrededor de los 30-35 años; décadas después, aproximadamente el 30% de las personas mayores de 70 presenta dificultades para caminar, levantarse de una silla o subir escaleras. La consecuencia para el mercado es fundamental: a los 35 años todavía no estamos vendiendo soluciones para la vejez; estamos vendiendo capacidad futura.

De la industria anti-aging a la prevención a 30 años

El cambio conceptual es profundo. El anti-aging tradicional se construyó fundamentalmente alrededor de la apariencia: arrugas, cabello, piel, peso y signos externos de edad. El nuevo healthy aging se está desplazando hacia cómo llegará una persona a las siguientes décadas de su vida. La pregunta ya no es únicamente cómo parecer más joven a los 45, sino qué decisiones tomadas entre los 35 y los 50 pueden influir en fuerza, metabolismo, salud cardiovascular, capacidad cognitiva y autonomía a los 65, 75 u 85 años. Esto transforma completamente el tamaño del mercado porque permite a las compañías establecer una relación con el consumidor décadas antes de la jubilación, la fragilidad o la dependencia. Una marca que capta a un cliente a los 35 y consigue acompañarlo hasta los 75 dispone potencialmente de una relación comercial de cuarenta años. En términos de Customer Lifetime Value, pocas transformaciones demográficas ofrecen una oportunidad comparable. Centrum está haciendo explícita esta transición mediante una arquitectura que prácticamente establece una secuencia vital: Age Defy desde los 35 y Silver desde los 50. Desde el punto de vista estratégico, la edad deja de funcionar exclusivamente como indicador de deterioro y pasa a utilizarse para organizar diferentes fases de prevención. Este modelo puede extenderse a muchas otras industrias. Una aseguradora puede empezar prevención cardiovascular a los 35; una compañía de fitness puede pasar de vender estética a vender fuerza para los próximos cuarenta años; una plataforma nutricional puede seguir metabolismo y composición corporal; una clínica puede crear un historial longitudinal de biomarcadores; una entidad financiera puede comenzar a planificar una vida potencial de 90 o 100 años. El consumidor de longevidad deja de aparecer a los 60: se construye desde la primera mitad de la vida adulta.

La demografía convierte esta anticipación en una estrategia empresarial de enorme escala

La Organización Mundial de la Salud estima que el número de personas de 60 años o más pasará de aproximadamente 1.000 millones en 2020 a 1.400 millones en 2030 y 2.100 millones en 2050. Para mediados de siglo, este grupo representará aproximadamente el 22% de la población mundial. Pero para las empresas existe una lectura todavía más poderosa: buena parte de esos 2.100 millones de futuros consumidores mayores ya están entrando en el mercado de la longevidad mucho antes de cumplir 60 años. Una persona que tendrá 60 años en 2050 tiene hoy alrededor de 36. Es precisamente el consumidor al que empiezan a dirigirse productos como Age Defy. Esta perspectiva modifica radicalmente las estimaciones tradicionales de la Silver Economy. Si definimos el mercado exclusivamente mediante consumidores mayores de 50 o 60 años, estamos midiendo el resultado final del envejecimiento; si incorporamos a quienes invierten hoy para modificar cómo llegarán a esas edades, el mercado potencial se amplía a buena parte de la población adulta. El healthy aging deja entonces de ser una subcategoría del mercado sénior y empieza a competir con wellness, fitness, nutrición, seguros, diagnóstico, belleza, turismo, tecnología y gestión patrimonial por el gasto de consumidores desde los 30 y 40 años.

El gran producto ya no será vivir más, sino llegar mejor

Existe además un cambio en la promesa de valor. La OMS define el envejecimiento saludable alrededor del mantenimiento de la capacidad funcional, no de la ausencia absoluta de enfermedad. Aquí aparece una de las grandes contradicciones de nuestra época: hemos conseguido añadir años a la vida, pero no todos esos años adicionales se viven necesariamente con buena salud. Datos de la OMS muestran que entre 2000 y 2019 la diferencia entre esperanza de vida y esperanza de vida saludable a partir de los 60 años pasó de 4,1 a 4,7 años entre los hombres y de 5,3 a 6,0 años entre las mujeres. Aproximadamente el 34% de las personas de 60 años o más presenta dificultades importantes de funcionamiento, con una proporción estimada del 36,6% entre las mujeres y del 32% entre los hombres. Ahí se encuentra el verdadero mercado del healthy aging. No consiste necesariamente en prometer que alguien llegará a los 110 años, sino en intentar reducir la distancia entre lifespan y healthspan. Para una persona de 35 años esto significa que la decisión relevante no es todavía qué residencia necesitará a los 85, sino cómo preservar durante las próximas cinco décadas músculo, hueso, metabolismo, sistema cardiovascular, cerebro y relaciones sociales. Para una empresa significa desarrollar productos cuyo retorno se mide a largo plazo: años adicionales de movilidad, menor riesgo metabólico, mayor autonomía o retraso de la dependencia.

El cerebro también empieza a envejecer mucho antes de que aparezca la demencia

La misma lógica preventiva se está trasladando a la salud cerebral. La Comisión de The Lancet sobre prevención de demencia identificó 14 factores de riesgo potencialmente modificables y estimó que actuar sobre ellos podría prevenir o retrasar hasta aproximadamente el 45% de los casos de demencia. Entre esos factores aparecen educación, pérdida auditiva, hipertensión, tabaquismo, obesidad, depresión, inactividad física, diabetes, consumo excesivo de alcohol, lesión cerebral traumática, contaminación atmosférica, aislamiento social, colesterol LDL elevado y pérdida visual no tratada. Muchos de estos factores no comienzan a los 70 años. Hipertensión, obesidad, inactividad física, colesterol o diabetes pueden desarrollarse durante la mediana edad, de modo que esperar hasta la jubilación para hablar de salud cerebral puede ser demasiado tarde desde una perspectiva preventiva. Esto abre una nueva categoría de brain health para consumidores de 35-55 años: sueño, ejercicio, salud metabólica, audición, nutrición, gestión del estrés, biomarcadores y evaluación cognitiva longitudinal. La longevidad cerebral puede terminar siguiendo exactamente el mismo recorrido que estamos viendo en nutrición: pasar de intervenir cuando existe un problema a construir décadas antes una estrategia de conservación de capacidad.

El músculo puede convertirse en uno de los grandes activos de la economía de la longevidad

La pérdida muscular representa quizá el ejemplo más fácil de comprender. Si el pico de masa y fuerza se alcanza alrededor de los 30-35 años y después comienza un descenso progresivo, la estrategia óptima no debería consistir únicamente en intentar recuperar músculo cuando aparece fragilidad a los 75, sino en construir y conservar una reserva funcional durante décadas. Esto puede transformar el mercado del fitness. El gimnasio deja de vender solamente pérdida de peso o estética y puede empezar a vender longevity strength. Entrenamiento de fuerza, proteína, composición corporal, fisioterapia preventiva, densidad ósea y movilidad pueden convertirse en componentes de una estrategia integrada desde los 35 o 40 años. Para las compañías de alimentación, esta transición puede ser igualmente importante. El consumidor ya no busca necesariamente un producto “para mayores”, etiqueta que muchos rechazarían a los 45 o incluso a los 60. Puede buscar proteína para preservar masa muscular, alimentos para salud metabólica, nutrición orientada a rendimiento cognitivo o productos asociados con recuperación y sueño. El lenguaje cambia de edad a función, y ese cambio amplía extraordinariamente el mercado.

La gran batalla empresarial será captar al consumidor antes de que piense en sí mismo como sénior

Aquí se encuentra probablemente la mayor enseñanza del lanzamiento de Centrum. El objetivo comercial no es convencer a una persona de 35 años de que es mayor. Es exactamente lo contrario: convencerla de que lo que haga hoy influirá en cómo vivirá dentro de treinta años. Esto elimina buena parte del estigma que históricamente ha limitado el marketing sénior. En lugar de vender miedo, enfermedad o deterioro, permite vender fuerza, energía, independencia, claridad mental y libertad futura. Una campaña dirigida a “personas mayores” reduce psicológicamente el mercado porque muchos consumidores no se identifican con la categoría; una campaña dirigida a “tu yo de dentro de veinte años” puede llegar prácticamente a cualquier adulto. El healthy aging se convierte así en una narrativa aspiracional. También cambia el diseño: un producto para healthy aging no tiene por qué parecer médico. Puede ser premium, tecnológico, deportivo, elegante o experiencial. Empresas de tecnología, deporte, wellness, turismo, seguros, banca o alimentación pueden participar en la misma economía sin utilizar nunca la palabra “senior”.

La inteligencia artificial permitirá convertir el healthy aging en una relación personalizada de décadas

El siguiente salto será la personalización. Una persona de 35 años no necesita exactamente la misma estrategia que otra de 47 o 63, y dos personas de la misma edad tampoco envejecen de la misma forma. Genética, actividad física, sueño, composición corporal, alimentación, salud metabólica, estrés y entorno producen trayectorias diferentes. La combinación de wearables + analíticas + biomarcadores + historia clínica + inteligencia artificial puede permitir construir modelos longitudinales capaces de observar esas diferencias. Esto abre un modelo económico mucho más atractivo que vender una caja de suplementos: una plataforma puede captar al consumidor a los 35, establecer una línea base y acompañarlo mediante evaluaciones periódicas, nutrición, ejercicio, sueño y prevención. El negocio pasa de la transacción a la suscripción de longevidad. Los ingresos dejan de depender exclusivamente de vender unidades y empiezan a depender de conservar durante años una relación de confianza y datos con el cliente. En ese escenario, el activo más valioso puede no ser el producto físico, sino treinta años de información longitudinal sobre cómo envejece una persona.

Las empresas deberían dejar de segmentar la longevidad únicamente por edad

El lanzamiento de Age Defy demuestra también las limitaciones de una segmentación exclusivamente cronológica. Utilizar 35, 50 o 65 años puede resultar comercialmente práctico, pero biológicamente dos personas de 50 años pueden encontrarse en situaciones completamente diferentes. La siguiente generación de compañías debería segmentar por objetivos y trayectorias: prevención metabólica, fuerza, brain health, sueño, salud cardiovascular, movilidad, menopausia, rendimiento profesional o preparación financiera para vidas más largas. Esto crea una nueva arquitectura de mercado. Entre los 35 y 50 años predominan prevención y optimización; entre los 50 y 65, preservación de capacidad y planificación de la segunda mitad de la vida; entre los 65 y 80, autonomía, experiencias y prevención de fragilidad; posteriormente pueden aumentar las necesidades de asistencia. Una misma compañía puede acompañar todas esas fases si diseña correctamente su ecosistema.

El consumidor de 35 años puede tener un lifetime value de cuarenta o cincuenta años

Desde una perspectiva empresarial, esta es quizá la conclusión más poderosa. Las compañías de longevidad han buscado históricamente consumidores mayores porque disponen de necesidades inmediatas y elevada capacidad adquisitiva, pero captar a alguien veinte años antes puede multiplicar extraordinariamente su Customer Lifetime Value. Una persona puede empezar con nutrición o fitness a los 35, incorporar biomarcadores a los 45, planificación financiera y prevención avanzada a los 50, productos de vivienda a los 65, servicios domiciliarios a los 75 y cuidados especializados a los 85. No significa que una única empresa vaya a vender todos esos servicios, sino que la longevidad puede convertirse en una plataforma de relación con el consumidor durante toda la vida adulta. La compañía que controle esa relación tendrá oportunidades de suscripción, personalización, alianzas y venta cruzada durante décadas.

De la Silver Economy a la Lifetime Economy

Quizá necesitemos incluso revisar la terminología. La Silver Economy fue esencial para visibilizar el poder económico de los consumidores mayores. La Longevity Economy amplió la perspectiva al introducir vidas más largas. Pero si las marcas comienzan a captar al consumidor desde los 35 años, estamos avanzando hacia algo todavía mayor: una Lifetime Economy, una economía diseñada alrededor de cómo las decisiones tomadas durante toda la vida adulta afectan a la capacidad futura. Esto no reduce la importancia del consumidor +50; la aumenta. Significa que las compañías pueden llegar a esa etapa habiendo construido veinte años antes confianza, datos y relación comercial. Centrum Age Defy es, en ese sentido, mucho más que el lanzamiento de otro multivitamínico. Es una señal de mercado. Una gran marca está diciendo que el consumidor de healthy aging ya no empieza a los 50. Empieza a los 35. Y detrás de ese desplazamiento de quince años existe una ampliación extraordinaria del mercado potencial.

La próxima gran industria de la longevidad será la prevención antes de sentirse mayor

Durante décadas hemos esperado a que apareciera el envejecimiento para vender soluciones. La nueva economía hará exactamente lo contrario: venderá herramientas para llegar mejor antes de que el consumidor perciba que las necesita. Fuerza antes de la sarcopenia. Salud metabólica antes de la diabetes. Brain health antes del deterioro cognitivo. Planificación financiera antes de la jubilación. Vivienda adaptable antes de la pérdida de movilidad. La diferencia entre ambos modelos es enorme: el primero monetiza el problema; el segundo monetiza la prevención del problema durante décadas. Para los directivos, esta transformación obliga a replantear el mercado objetivo. La pregunta ya no debería ser únicamente “¿qué podemos vender a los mayores de 50?”. La pregunta mucho más interesante es “¿qué podemos empezar a ofrecer a los 35 para que esa persona llegue mejor a los 50, 70 y 90 años?”. Las empresas capaces de responderla estarán compitiendo por una de las relaciones comerciales más largas que puede existir: la relación con el consumidor durante toda su vida adulta.

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