Vietnam empieza a formular la Silver Economy como política de crecimiento y no como gasto asociado al envejecimiento
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Vietnam está empezando a hacer algo que puede convertirse en referencia para muchas economías emergentes durante la próxima década: dejar de interpretar el envejecimiento exclusivamente como un aumento del gasto público y comenzar a tratarlo también como una fuente potencial de crecimiento económico. El cambio conceptual es importante. En 2024 el país contaba con alrededor de 14,2 millones de personas de 60 años o más y las previsiones oficiales sitúan esa población cerca de los 18 millones en 2030. Además, Vietnam podría convertirse en una sociedad formalmente envejecida, con más del 20% de la población en edades avanzadas, durante la próxima década. El desafío es especialmente intenso porque esta transformación está ocurriendo a una velocidad mucho mayor que la experimentada históricamente por muchas economías desarrolladas y mientras el país todavía intenta elevar productividad, renta per cápita y capacidad de sus sistemas de protección social.
La respuesta tradicional a un escenario así sería calcular cuánto aumentarán las pensiones, cuánto costará construir más hospitales, cuánto crecerá la necesidad de cuidados y qué porcentaje adicional del presupuesto habrá que dedicar a dependencia. Vietnam está empezando a ampliar esa ecuación. En junio de 2026, el Ministerio del Interior pidió formalmente a ministerios, organismos y gobiernos locales revisar y desarrollar mecanismos, políticas y planes para impulsar la denominada “silver economy” con horizonte 2030 y visión 2045. El planteamiento oficial reconoce expresamente que las personas mayores no deben considerarse únicamente destinatarias de asistencia, sino también una fuente de conocimiento, experiencia, capacidad productiva y contribución económica. Según datos citados por el propio Gobierno, Vietnam cuenta actualmente con unos 17 millones de personas consideradas mayores bajo sus diferentes registros administrativos y más de nueve millones continúan participando directamente en actividades productivas, economía familiar, pequeñas empresas o explotaciones agrícolas. Existen además decenas de miles de negocios y granjas gestionados por personas mayores.
Ese dato cambia completamente la conversación. Si nueve millones de personas mayores continúan produciendo, trabajando, administrando negocios o generando ingresos, el envejecimiento deja de ser únicamente una variable presupuestaria. Se convierte también en una cuestión de productividad, empleo, emprendimiento y consumo. La pregunta ya no es simplemente cómo financiar a una población más envejecida, sino cómo conseguir que una parte de esa población permanezca saludable, autónoma y económicamente activa durante más tiempo. Cada año adicional de participación puede generar ingresos, mantener conocimiento dentro de las empresas, reducir dependencia, sostener consumo y disminuir parte de la presión sobre los sistemas públicos.
Vietnam está intentando articular esta nueva visión alrededor de varios pilares. El primero continúa siendo inevitablemente sanitario: una economía de la longevidad no puede funcionar si la expansión de la esperanza de vida se acompaña de décadas de mala salud. Atención primaria, prevención, rehabilitación, medicina geriátrica, cuidados domiciliarios y long-term care deberán crecer. Pero junto a esa infraestructura empieza a aparecer otra capa empresarial formada por Senior Living, home care, AgeTech, turismo, productos financieros, vivienda, movilidad, entretenimiento, formación digital, nutrición y servicios especializados para consumidores maduros. El propio análisis gubernamental reconoce que el envejecimiento está generando simultáneamente presión sobre el sistema de bienestar y nuevas oportunidades para innovar en el modelo de crecimiento.
La transformación resulta especialmente visible en Hanoi. La capital cuenta con una población creciente de personas mayores mientras continúa registrando una natalidad reducida. Las autoridades locales están estudiando un ecosistema de Silver Economy que no se limite a asistencia sanitaria, sino que incorpore rehabilitación, turismo, entretenimiento, vivienda, servicios financieros y tecnología. La idea de fondo es colocar a las personas mayores en el centro de la planificación y permitirles continuar trabajando, contribuyendo y transmitiendo conocimiento.
Para las empresas esta visión abre un mercado mucho más amplio que el tradicional “mercado senior”. Una persona de 65 años que continúa trabajando y generando ingresos tiene necesidades económicas muy diferentes de otra completamente dependiente. Puede viajar, contratar seguros, invertir, comprar tecnología, reformar su vivienda, consumir ocio, financiar a sus hijos o nietos, emprender y adquirir servicios de salud preventiva. Mantener capacidad genera consumo. Esta puede ser una de las ideas económicas más importantes de la Silver Economy: invertir en autonomía no es únicamente un coste sanitario o social; puede prolongar durante años la capacidad de las personas para producir y consumir.
De ahí que las políticas públicas sobre envejecimiento deban empezar a conectarse con políticas industriales. Si un gobierno incentiva el desarrollo de sistemas de teleasistencia, sensores domiciliarios, plataformas de cuidados, nutrición especializada, viviendas accesibles o servicios financieros adaptados, no solo mejora la atención a los ciudadanos mayores. También puede favorecer la creación de nuevas compañías, empleo especializado, propiedad intelectual y sectores exportables. Vietnam podría utilizar su propia transición demográfica como campo de experimentación para construir soluciones que posteriormente sean demandadas por otros países del Sudeste Asiático que recorrerán procesos similares.
La dimensión tecnológica será especialmente relevante. Vietnam está desarrollando al mismo tiempo una estrategia nacional para que la economía digital represente alrededor del 30% del PIB en 2030, apoyada en plataformas digitales, datos e inteligencia artificial. Integrar Silver Economy y digitalización puede generar oportunidades muy interesantes: telemedicina, monitorización remota, prevención de caídas, asistentes de IA, pagos adaptados, prevención del fraude, formación digital, marketplaces de cuidados o sistemas de coordinación entre familias y profesionales. Pero la digitalización deberá ser inclusiva. Una población envejecida que no pueda utilizar las interfaces digitales quedaría progresivamente excluida precisamente de los servicios que el país pretende modernizar.
Esto convierte la alfabetización digital +50 en infraestructura económica. Enseñar a una persona mayor a utilizar pagos digitales, plataformas administrativas, herramientas de salud o inteligencia artificial no es simplemente una acción social. Puede aumentar su capacidad para consumir, trabajar, gestionar patrimonio, emprender y mantener autonomía. La inclusión digital puede convertirse así en una de las políticas con mayor retorno dentro de la Silver Economy.
También cambiará el mercado laboral. Vietnam ha basado durante décadas parte de su competitividad en una fuerza laboral abundante y relativamente joven. El propio Gobierno reconoce que el rápido envejecimiento y la reducción de la fertilidad pueden desacelerar el crecimiento de la población activa y debilitar progresivamente la ventaja histórica basada en mano de obra abundante y de menor coste. La respuesta no puede consistir únicamente en aumentar productividad mediante automatización. También habrá que mantener a trabajadores experimentados dentro de la economía durante más tiempo, utilizar modelos de jubilación progresiva, desarrollar mentoring, facilitar emprendimiento sénior y crear empleos compatibles con diferentes capacidades físicas.
Para Recursos Humanos esto implica replantear la curva profesional. Las compañías vietnamitas —y las multinacionales presentes en el país— deberán identificar cuánto conocimiento estratégico reside en empleados de 50 o 60 años y qué ocurrirá cuando salgan simultáneamente del mercado laboral. La Silver Economy también puede ser una economía del talento sénior. Un profesional de 65 años con treinta o cuarenta años de experiencia puede seguir generando valor como consultor, mentor, profesor, consejero o emprendedor sin mantener necesariamente una jornada convencional.
El sector financiero afronta otra oportunidad gigantesca. Vivir más años modifica completamente el problema de la gestión patrimonial. Bancos y aseguradoras necesitarán productos orientados a ingresos durante jubilaciones más largas, protección frente a gastos sanitarios, seguros de cuidados, prevención del fraude, transmisión patrimonial y protección cuando aparezca deterioro cognitivo. En economías donde una parte relevante de la riqueza familiar está concentrada en vivienda o pequeños negocios, aparecerán además oportunidades para convertir activos ilíquidos en ingresos que permitan mantener calidad de vida. Financial Longevity puede convertirse en uno de los pilares de la futura Silver Economy vietnamita.
El Real Estate sufrirá una transformación parecida. El crecimiento de la población mayor generará demanda de viviendas accesibles, adaptación del domicilio, assisted living y comunidades residenciales, pero el gran mercado puede encontrarse en permitir que las personas permanezcan independientes durante más tiempo. Diseño universal, ascensores, prevención de caídas, baños adaptados, sensores y proximidad a servicios sanitarios pueden convertirse progresivamente en atributos inmobiliarios. El mercado no debería limitarse a construir residencias: puede empezar a construir viviendas preparadas para envejecer.
También existe una oportunidad extraordinaria en turismo y hospitality. Vietnam posee una industria turística en expansión y puede desarrollar productos específicamente diseñados para viajeros maduros de Asia y otros mercados internacionales: estancias prolongadas, wellness, rehabilitación, turismo médico, experiencias culturales de ritmo adaptado y servicios premium. Una población mundial más longeva y con mayores niveles de patrimonio puede convertir el turismo sénior en uno de los segmentos internacionales más interesantes de las próximas décadas.
Todo ello exige evitar un error habitual: tratar a todas las personas mayores como un único segmento. Un vietnamita de 60 años que dirige una empresa, una profesional jubilada de 72 con alto poder adquisitivo y una persona de 85 con dependencia tienen necesidades completamente distintas. La Silver Economy madura necesitará segmentar por capacidad funcional, patrimonio, salud, estilo de vida, autonomía y aspiraciones, no únicamente por edad cronológica.
Ahí se encuentra una de las mayores oportunidades empresariales de Vietnam. El país no está obligado a reproducir exactamente los modelos que Europa, Japón o Estados Unidos desarrollaron durante el siglo XX. Puede construir una Silver Economy adaptada a tecnología móvil, IA, vivienda multigeneracional, redes familiares y estructuras económicas propias. Si consigue hacerlo, el envejecimiento podría convertirse también en una fuente de innovación.
El Gobierno vietnamita ha llegado incluso a plantear el desarrollo de la Silver Economy dentro de una visión que conecta crecimiento, inclusión y sostenibilidad, mientras su estrategia económica general busca alcanzar ritmos muy elevados de crecimiento durante 2026-2030 y elevar el peso de la economía digital. Esto hace especialmente interesante el caso: Vietnam no plantea la longevidad después del crecimiento económico, sino que empieza a preguntarse cómo incorporarla dentro de su siguiente modelo de crecimiento.
Para los consejos de administración, la lección trasciende Vietnam. Muchos países siguen viendo el envejecimiento casi exclusivamente a través de tres líneas presupuestarias: pensiones, sanidad y dependencia. Esa visión es incompleta. La misma población que genera esos costes también puede generar demanda, empresas, empleo, innovación, inversión y conocimiento. La verdadera cuestión consiste en determinar cuánto tiempo pueden mantenerse esas personas saludables, autónomas y económicamente activas.
La Silver Economy comienza precisamente cuando se cambia la pregunta. En lugar de preguntar “¿cuánto nos costará tener más personas mayores?”, Vietnam empieza a plantear una cuestión mucho más interesante: “¿qué economía podemos construir alrededor de millones de personas que van a vivir más años?”
Ese cambio de enfoque puede ser decisivo. Porque una población longeva no tiene por qué convertirse exclusivamente en una carga financiera. Si existe salud, infraestructura, tecnología, participación y productos adecuados, puede convertirse también en una nueva fuente de crecimiento económico.
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