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España da hoy un paso importante hacia carreras profesionales más largas: entra en vigor la nueva jubilación flexible

España da hoy un paso importante hacia carreras profesionales más largas: entra en vigor la nueva jubilación flexible

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España da hoy, 28 de agosto de 2026, un paso relevante en la adaptación del mercado laboral a una sociedad más longeva. Entra en vigor el Real Decreto 416/2026, publicado el pasado 28 de mayo, que reforma el régimen de jubilación flexible y amplía las posibilidades para que una persona que ya ha accedido a la jubilación pueda volver a trabajar y compatibilizar su actividad con parte de la pensión. La medida forma parte de una transformación mucho más amplia que la simple reforma de una prestación. Durante décadas, la vida profesional se organizó alrededor de una frontera muy clara: trabajar hasta una determinada edad y después abandonar prácticamente por completo el mercado laboral. El aumento de la esperanza de vida, la mejora de la salud en edades maduras y la necesidad de conservar talento experimentado están haciendo que esa separación resulte cada vez menos adecuada para una economía en la que muchas personas pueden vivir veinte o treinta años después de alcanzar la edad ordinaria de jubilación.

La nueva regulación permite compatibilizar la pensión de jubilación con un trabajo por cuenta ajena a tiempo parcial cuya jornada se sitúe entre el 33% y el 80% de la jornada de una persona trabajadora comparable a tiempo completo. Durante ese periodo, la cuantía de la pensión se ajustará en función de la jornada desarrollada. La reforma introduce además incentivos específicos para quienes regresen por primera vez al trabajo después de haber permanecido jubilados al menos seis meses. Cuando la jornada se sitúe entre el 55% y el 80%, la pensión compatible puede incrementarse en un 25% adicional calculado sobre la pensión previa a la jubilación flexible; cuando la jornada se encuentre entre el 33% y menos del 55%, el incremento adicional será del 15%. La otra gran novedad es la incorporación de determinadas actividades por cuenta propia: una persona jubilada podrá compatibilizar la pensión con una actividad autónoma si no estuvo dada de alta como trabajadora por cuenta propia durante los tres años inmediatamente anteriores al hecho causante de la jubilación. En estos casos, el porcentaje de pensión compatible será del 25%.

El interés económico de la reforma no está únicamente en los porcentajes. Está en el cambio cultural que representa. España empieza a reconocer que la jubilación puede convertirse progresivamente en una transición, no necesariamente en una ruptura. Una persona puede dejar de trabajar a tiempo completo, reducir responsabilidades, mantener una determinada actividad durante varios años y abandonar posteriormente el mercado laboral cuando realmente lo considere adecuado. Esta idea puede terminar modificando tanto la planificación financiera individual como la gestión del talento dentro de las organizaciones. Para una empresa, disponer de mecanismos que permitan conservar parcialmente a un profesional de 65, 67 o 70 años puede ser especialmente valioso cuando esa persona concentra conocimiento técnico, relaciones comerciales, experiencia sectorial o memoria corporativa difícilmente sustituible. La alternativa tradicional era abrupta: un día ese conocimiento estaba dentro de la compañía y al siguiente desaparecía.

Aquí aparece una de las grandes oportunidades para Recursos Humanos. Durante muchos años, buena parte de la gestión del talento sénior se ha concentrado en decidir cuándo y cómo sale una persona de la organización. La economía de la longevidad obliga a incorporar una pregunta diferente: ¿cómo podemos seguir aprovechando su experiencia sin exigirle que mantenga exactamente el mismo modelo de trabajo que tenía diez años antes? La respuesta puede incluir jornadas reducidas, mentoring de profesionales jóvenes, asesoramiento a proyectos estratégicos, apoyo comercial, formación interna, participación en consejos, gestión de clientes clave o transferencia estructurada de conocimiento. Las compañías que diseñen estos modelos antes de necesitar urgentemente reemplazar a profesionales veteranos pueden convertir la longevidad laboral en una ventaja competitiva.

El cambio resulta especialmente relevante en sectores donde la experiencia acumulada tiene un enorme valor. Ingeniería, banca, seguros, sanidad, industria, energía, consultoría, despachos profesionales, construcción, turismo o dirección comercial pueden perder una cantidad considerable de conocimiento cada vez que una generación se jubila simultáneamente. En sociedades con menor natalidad y menos jóvenes entrando en determinados sectores, sustituir toda esa experiencia puede resultar además difícil. Retener parcialmente a profesionales maduros durante algunos años permite crear periodos de solapamiento entre generaciones en los que el conocimiento puede transferirse de forma más ordenada. La jubilación flexible puede convertirse así en una herramienta de gestión del riesgo organizativo.

También puede favorecer el emprendimiento sénior. La posibilidad de realizar determinadas actividades por cuenta propia después de acceder a la jubilación abre nuevas opciones para profesionales que desean convertir décadas de experiencia en consultoría, asesoramiento, formación o pequeños proyectos empresariales. Esto puede alimentar una categoría que crecerá inevitablemente dentro de la Silver Economy: profesionales que no quieren mantener una carrera corporativa convencional, pero tampoco desean abandonar completamente la actividad económica. Una persona de 68 años puede disponer todavía de conocimientos, contactos y capacidad para crear valor durante muchos años. La longevidad obliga a dejar de interpretar esos años como un simple periodo de retiro y empezar a considerarlos también como una etapa potencial de actividad económica diferente.

La reforma tiene igualmente implicaciones para la formación. Si las carreras profesionales se alargan, las competencias tendrán que actualizarse durante mucho más tiempo. Una persona que permanezca activa hasta los 70 años necesitará comprender herramientas, tecnologías y modelos de negocio que probablemente no existían cuando comenzó su carrera. La inteligencia artificial convierte este reto en algo todavía más urgente. El profesional sénior que combine experiencia sectorial con nuevas herramientas de IA puede resultar extraordinariamente productivo, mientras que la falta de actualización tecnológica puede acelerar su salida del mercado laboral. Las empresas tendrán que abandonar la idea de que la formación avanzada pertenece principalmente a trabajadores jóvenes y comenzar a construir estrategias de reskilling también para empleados de 50, 60 y más años.

Existe además una dimensión financiera importante. Durante décadas, la planificación de la jubilación partía de una secuencia relativamente sencilla: acumular patrimonio mientras se trabaja y comenzar a consumirlo después de abandonar el empleo. Las vidas más largas pueden convertir esta estructura en insuficiente. Combinar durante unos años pensión y actividad permite diversificar fuentes de ingreso, retrasar la dependencia exclusiva del patrimonio acumulado y mantener capacidad económica durante más tiempo. Bancos, aseguradoras, gestores patrimoniales y compañías de previsión social pueden desarrollar alrededor de esta realidad una nueva generación de servicios de Financial Longevity, donde la planificación deje de basarse únicamente en una fecha de jubilación y contemple diferentes etapas de actividad, ingresos y necesidades durante treinta años posteriores a la carrera profesional principal.

Pero la extensión de las carreras profesionales no debería interpretarse simplemente como trabajar más años. Una verdadera economía de la longevidad necesita diseñar trabajos que puedan realizarse durante más tiempo. Eso implica ergonomía, flexibilidad, prevención sanitaria, jornadas adaptadas, formación continua, nuevas métricas de productividad y reducción de determinados esfuerzos físicos cuando sea necesario. Pretender que una persona de 68 años mantenga exactamente las mismas condiciones laborales, ritmos y responsabilidades que tenía a los 45 no constituye una estrategia de longevidad. La oportunidad consiste precisamente en rediseñar el trabajo para aprovechar capacidades diferentes en distintos momentos de la vida.

Para los consejos de administración, la entrada en vigor de esta reforma debería abrir una conversación que va mucho más allá del departamento de Recursos Humanos. ¿Cuánto conocimiento crítico de la compañía está concentrado actualmente en profesionales mayores de 55 años? ¿Qué ocurriría si una parte importante se jubilara durante los próximos cinco años? ¿Existen mecanismos formales de transferencia de conocimiento? ¿Podrían algunos de esos profesionales mantener una relación parcial con la empresa después de jubilarse? ¿Estamos invirtiendo en su actualización tecnológica? Estas preguntas forman parte ya de la gestión del capital humano en una sociedad longeva.

La reforma española no resolverá por sí sola el desafío de unas carreras profesionales más largas y cada caso tendrá que analizarse atendiendo a las condiciones laborales, fiscales y de Seguridad Social aplicables. Tampoco significa que todas las personas deban trabajar después de jubilarse. Su importancia está en ampliar las posibilidades. Frente a un modelo basado en una única fecha de salida, empieza a consolidarse un sistema en el que diferentes personas pueden construir transiciones distintas entre empleo y jubilación.

Ese puede ser uno de los grandes cambios de la Longevity Economy. Durante el siglo XX organizamos buena parte de nuestra vida alrededor de tres grandes etapas: educación, trabajo y jubilación. Las vidas de 90 o 100 años pueden hacer que ese modelo resulte demasiado rígido. El futuro probablemente incluirá periodos de formación a lo largo de toda la vida, diferentes carreras, interrupciones, emprendimiento, trabajo parcial y transiciones progresivas hacia la jubilación. La entrada en vigor de la nueva jubilación flexible en España es una señal de que las instituciones comienzan a adaptarse a esa realidad.

Para las empresas, la oportunidad es clara: la experiencia no tiene por qué jubilarse el mismo día que comienza a cobrarse una pensión. Aprender a combinar longevidad, flexibilidad y conocimiento puede convertirse en una de las nuevas ventajas competitivas del mercado laboral.

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