Estás leyendo
India empieza a descubrir que la infraestructura que falta en su Silver Economy no es únicamente sanitaria: son ciudades donde seguir participando después de los 60

India empieza a descubrir que la infraestructura que falta en su Silver Economy no es únicamente sanitaria: son ciudades donde seguir participando después de los 60

VOXREAD™ by LUXONOMY™ Group Listo para escuchar

India está entrando en una fase decisiva de su transición demográfica. La población de 60 años o más podría alcanzar aproximadamente 230 millones de personas en 2036, cerca del 15% del total nacional, frente a unos 100 millones en 2011. El cambio obligará a ampliar hospitales, sistemas de cuidados, pensiones, vivienda adaptada y protección social, pero empieza a emerger una conclusión mucho más ambiciosa: una sociedad longeva no puede limitarse a mantener vivas a las personas durante más años; tiene que permitirles seguir participando durante esos años. Esto significa trabajar, desplazarse, emprender, aprender, socializar, utilizar espacios públicos, encontrarse con otras generaciones y conservar vínculos económicos y comunitarios. La infraestructura de la longevidad no es únicamente sanitaria. También son aceras, transporte, coworking, parques, oficinas, bibliotecas, restaurantes, universidades, centros comerciales, espacios culturales y barrios diseñados para seguir siendo utilizables durante una vida mucho más larga.

El problema puede observarse con especial claridad en Bengaluru, uno de los grandes centros tecnológicos y económicos del país. Una investigación publicada en 2026 evaluó 27 localizaciones urbanas y 214 equipamientos públicos aplicando criterios inspirados en la metodología de ciudades y comunidades amigables con las personas mayores de la Organización Mundial de la Salud. El resultado muestra hasta qué punto existe todavía una distancia entre vivir más años y disponer de ciudades preparadas para hacerlo. De las 27 localizaciones evaluadas, solamente dos fueron consideradas completamente age-friendly y otras dos moderadamente adecuadas; las 23 restantes, el 85,2%, no alcanzaron esa consideración. El 85,2% de las zonas analizadas carecía de pavimentos accesibles para silla de ruedas y el 96,3% no disponía de cruces peatonales considerados seguros. Aunque el 63% tenía transporte bien conectado, solamente una ubicación ofrecía transporte especializado para personas con discapacidad.

Estos datos permiten entender algo fundamental para la Silver Economy. Una persona puede disponer de buena atención médica y, sin embargo, encontrarse progresivamente excluida de la vida económica porque no puede cruzar una calle con seguridad, desplazarse cómodamente hasta una oficina, utilizar determinados edificios, acceder al transporte o encontrar espacios donde mantener relaciones profesionales. La autonomía no termina en la puerta del hospital. Se construye cada día mediante miles de decisiones urbanísticas aparentemente pequeñas. Cuando una acera resulta imposible de utilizar, una estación no es accesible o un espacio profesional está concebido únicamente para trabajadores jóvenes, se está reduciendo también la capacidad económica y social de una parte creciente de la población.

Esta cuestión adquiere todavía más importancia porque la jubilación está cambiando. Para muchas personas de 60 o 65 años, abandonar un empleo convencional ya no significa necesariamente abandonar la actividad profesional. Puede significar convertirse en consultor, mentor, profesor, consejero, inversor, emprendedor o profesional independiente. Una persona puede abandonar una gran empresa a los 62 y desarrollar durante otros quince años una segunda etapa profesional completamente diferente. El conocimiento acumulado durante décadas se convierte entonces en un activo económico que puede seguir circulando. Pero para que eso ocurra necesita infraestructura. Necesita lugares donde trabajar, reunirse, conectarse, aprender y participar. El debate sobre longevidad laboral suele concentrarse en reformas de pensiones y edades de jubilación, cuando existe una cuestión igualmente importante: ¿están nuestras ciudades preparadas para que alguien pueda seguir siendo profesionalmente activo a los 70?

Aquí aparece una oportunidad enorme para el sector inmobiliario y los operadores de espacios flexibles. Durante años, coworking se desarrolló principalmente alrededor de startups, autónomos jóvenes y nuevas formas de trabajo híbrido. En una economía longeva puede adquirir otra función: convertirse en infraestructura para carreras profesionales extendidas. Profesionales sénior pueden necesitar oficinas unas horas por semana, salas de reuniones, tecnología, servicios administrativos, networking y acceso a comunidades profesionales sin querer asumir un contrato de oficina convencional. Los espacios flexibles pueden convertirse así en puntos de encuentro intergeneracionales donde experiencia y nuevos proyectos se mezclen. El valor económico ya no estaría únicamente en alquilar metros cuadrados, sino en facilitar conexiones, circulación de conocimiento y nuevas oportunidades profesionales.

Esta idea debería interesar especialmente a compañías de Real Estate. Hasta ahora, buena parte de la conversación inmobiliaria sobre envejecimiento se ha concentrado en Senior Living, assisted living y adaptación residencial. Todo ello seguirá siendo necesario, pero representa solo una parte de la oportunidad. La Longevity Economy puede crear demanda en oficinas, centros comerciales, hospitality, movilidad, ocio, educación, espacios comunitarios y regeneración urbana. Un centro comercial preparado para consumidores de 70 años, una estación accesible, un barrio caminable, un hotel que comprenda diferentes capacidades físicas o una universidad abierta a estudiantes de 65 pueden convertirse en activos de longevidad. El futuro del Longevity Real Estate probablemente no será una categoría separada, sino una nueva capa de diseño aplicada a casi todos los activos inmobiliarios.

También existe una oportunidad estratégica para los gobiernos municipales. Las ciudades compiten actualmente por atraer empresas, talento joven, inversión tecnológica y turismo. En los próximos años podrían empezar a competir también por atraer y retener talento experimentado. Una persona de 65 años con patrimonio, conocimiento, contactos y capacidad para invertir o emprender puede aportar enorme valor económico a una ciudad. Si dispone de buena movilidad, seguridad, salud, cultura, espacios profesionales y comunidades donde participar, puede permanecer activa durante muchos años. Si la ciudad la obliga progresivamente a retirarse del espacio público, ese capital humano desaparece. Las políticas age-friendly deberían analizarse, por tanto, no únicamente desde bienestar social, sino también desde competitividad económica.

Esto cambia incluso la manera de medir el éxito de la Silver Economy. El indicador tradicional puede ser cuánto gasto generan las personas mayores o cuánto crecen los servicios de cuidados. Una economía realmente preparada para la longevidad debería incorporar también cuántas personas continúan participando económicamente después de los 60, cuántas emprenden, cuántas trabajan parcialmente, cuántas estudian, cuántas participan en asociaciones y cuántas conservan redes sociales activas. Prolongar healthspan es esencial, pero también puede serlo prolongar lo que podríamos denominar participation span: los años durante los cuales una persona sigue formando parte activa de la economía y de la sociedad.

La tecnología puede ayudar, aunque tampoco resolverá por sí sola el problema. Aplicaciones de movilidad, telemedicina, servicios digitales, inteligencia artificial, sistemas de navegación, vehículos autónomos y plataformas de trabajo remoto pueden ampliar enormemente la autonomía. Pero una ciudad seguirá necesitando aceras transitables, cruces seguros, bancos donde sentarse, transporte accesible, baños públicos, iluminación y edificios utilizables por personas con diferentes capacidades. La Longevity City será probablemente una combinación de infraestructura física y digital. Diseñar únicamente una aplicación para una ciudad inaccesible equivale a digitalizar un problema sin resolverlo.

Existe además una dimensión intergeneracional muy importante. Una ciudad preparada para personas mayores no tiene por qué convertirse en una ciudad exclusivamente para mayores. Muchas de las adaptaciones necesarias mejoran la experiencia para todos. Aceras más accesibles ayudan también a familias con carritos infantiles. Cruces seguros benefician a niños. Mejor transporte público reduce dependencia del automóvil. Espacios comunitarios pueden conectar generaciones. Edificios fáciles de utilizar funcionan mejor para cualquier persona con una lesión temporal o movilidad reducida. El diseño para la longevidad puede convertirse en universal design. La consecuencia empresarial es especialmente atractiva: no estamos necesariamente hablando de infraestructuras destinadas a un nicho, sino de mejores infraestructuras para toda la población.

India dispone además de una oportunidad poco habitual. Muchos países europeos comenzaron a afrontar el envejecimiento cuando sus ciudades, sistemas de pensiones y modelos residenciales ya estaban profundamente consolidados. India todavía está construyendo una enorme parte de la infraestructura urbana que necesitará durante las próximas décadas. Eso permite incorporar la longevidad desde el principio. Nuevos barrios, redes de transporte, oficinas, centros comerciales y espacios públicos pueden diseñarse anticipando que millones de usuarios tendrán 60, 70 u 80 años en lugar de intentar adaptarlos posteriormente. Desde el punto de vista económico, diseñar bien desde el principio suele ser considerablemente más eficiente que reconstruir después.

Para los directivos, el caso indio contiene una advertencia aplicable prácticamente a cualquier país. La Silver Economy no puede gestionarse exclusivamente desde los sectores sanitario y asistencial. Recursos Humanos debe pensar cómo mantener actividad profesional; Real Estate, cómo mantener accesibilidad; movilidad, cómo conservar independencia; banca, cómo financiar vidas largas; tecnología, cómo evitar exclusión digital; retail, cómo atender consumidores maduros; educación, cómo permitir aprendizaje permanente; y gobiernos, cómo mantener participación económica y social. La longevidad obliga a conectar departamentos e industrias que tradicionalmente han trabajado por separado.

También cambia la forma de entender el valor del consumidor +60. Una persona que puede seguir trabajando, emprendiendo y socializando tiene una capacidad económica radicalmente diferente de otra que queda aislada o dependiente. Las infraestructuras age-friendly no son por tanto únicamente gasto social: pueden ser infraestructuras de productividad y consumo. Mantener autonomía significa prolongar capacidad para generar ingresos, invertir, viajar, consumir y participar. Desde esta perspectiva, adaptar una ciudad puede producir retornos económicos indirectos que rara vez aparecen en los análisis convencionales.

La gran idea que empieza a surgir en India es, por tanto, mucho más profunda que construir mejores ciudades para mayores. Consiste en construir ciudades para vidas más largas. Lugares donde una persona no tenga que desaparecer progresivamente del espacio económico al cumplir determinadas edades. Donde pueda seguir trabajando si quiere, aprender algo completamente nuevo a los 70, emprender después de jubilarse, reunirse con otras generaciones, desplazarse con autonomía y seguir formando parte de la vida urbana.

El futuro de la Silver Economy no se decidirá únicamente en hospitales, clínicas o residencias. También se decidirá en las calles, oficinas, estaciones, universidades, cafés, parques y espacios de trabajo donde una generación extraordinariamente numerosa intentará seguir participando durante muchos más años.

India empieza a descubrir que la gran infraestructura de la longevidad puede ser precisamente esa: una ciudad que no te obliga a retirarte de la vida antes de que tú quieras hacerlo.

Aprende a diseñar negocios para vidas más largas

El MBA in Longevity Business de FIFTIERS está dirigido a directivos, empresarios e inversores que quieren comprender cómo la longevidad está transformando Real Estate, ciudades, movilidad, empleo, salud, tecnología, servicios financieros y nuevos modelos de negocio alrededor de las generaciones +50.

Descubre el MBA in Longevity Business de FIFTIERS

Nos vemos en Madrid en el 4.º Congreso FIFTIERS

Los participantes del MBA in Longevity Business de FIFTIERS nos reuniremos el próximo 27 de noviembre en Madrid en el 4.º Congreso FIFTIERS, donde analizaremos cómo ciudades, empresas y mercados deben rediseñarse para una sociedad en la que viviremos y permaneceremos activos durante muchos más años.

Descubre el 4.º Congreso FIFTIERS y reserva tu plaza


Descubre más desde FIFTIERS

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

¿Cuál es tu reacción?
ES UNA PASADA
0
ME ENCANTA
0
ME GUSTA
0
NO SÉ
0
QUÉ TONTERÍA
0
Ver comentarios

Deja una respuesta

(Tu correo electrónico no será publicado, sólo lo pedimos para que te llegue el comentario y sus respuestas)

AI Ethics Audit – Empresa certificada