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Dormir poco acorta la esperanza de vida

Dormir poco acorta la esperanza de vida

Dormir bien ya no es solo una recomendación de bienestar: se está consolidando como uno de los factores más determinantes para vivir más años y con mejor calidad de vida. Nuevas investigaciones internacionales sitúan al sueño regular y suficiente al mismo nivel —o incluso por delante— de hábitos como la alimentación equilibrada o la actividad física cuando se analiza su impacto sobre la esperanza de vida.

Un amplio análisis liderado por la Oregon Health & Science University y basado en datos del Centers for Disease Control and Prevention ha observado que dormir menos de siete horas por noche se asocia de forma consistente con una menor longevidad a escala poblacional. El estudio, que analizó datos entre 2019 y 2025, concluye que la falta de sueño aparece como uno de los comportamientos con mayor relación con una vida más corta, solo por detrás del tabaquismo.

El umbral crítico: siete horas… y con regularidad

La clave no está únicamente en la cantidad de horas, sino también en la regularidad. Un estudio independiente desarrollado en Reino Unido por Vitality junto a la London School of Economics, que analizó más de 47 millones de noches de sueño, identificó dos hábitos decisivos:

  • Dormir al menos siete horas cada noche.

  • Mantener horarios estables de acostarse y levantarse, con variaciones inferiores a una hora.

Las personas que cumplían ambos criterios mostraban un riesgo de mortalidad claramente menor y una proyección de vida que podía extenderse varios años respecto a quienes dormían menos o con horarios erráticos.

Por qué dormir mal envejece antes

La explicación va mucho más allá del cansancio. Dormir poco o de forma irregular altera procesos biológicos esenciales:

  • Incrementa la inflamación crónica.

  • Afecta al sistema cardiovascular y al metabolismo.

  • Deteriora la función cognitiva y acelera el envejecimiento cerebral.

  • Debilita el sistema inmunológico.

En edades avanzadas, estos efectos se amplifican. El sueño se convierte en un auténtico regulador del envejecimiento saludable, influyendo en la autonomía, la memoria, el estado de ánimo y la capacidad de adaptación a los cambios propios de la madurez.

El sueño como inversión estratégica en la vida +50

Para la generación FIFTIERS, el mensaje es claro: dormir no es tiempo perdido, es tiempo ganado. En una etapa vital en la que se busca prolongar la vida activa, mantener proyectos personales y profesionales y disfrutar de buena salud durante más años, el descanso se presenta como una herramienta de primer orden.

La ciencia apunta hacia un futuro en el que el sueño será tratado como un indicador central de salud, monitorizado, personalizado y protegido con la misma atención que hoy se dedica a la dieta o al ejercicio. Tecnologías de seguimiento, medicina preventiva y educación en hábitos de descanso formarán parte de ese nuevo enfoque de longevidad consciente.

Dormir bien no es un lujo ni una concesión al ritmo moderno: es una decisión diaria que construye el mañana. Para quienes han superado los 50, cuidar el sueño puede ser uno de los gestos más inteligentes para alargar la vida… y, sobre todo, para vivirla mejor.


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