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Sectores donde más trabajan las personas mayores de 55 años en España

Sectores donde más trabajan las personas mayores de 55 años en España

El envejecimiento de la población activa ya no es una tendencia futura: es una realidad plenamente instalada en el mercado laboral español. España cerró 2025 con 22,46 millones de ocupados, mientras la estructura por edades del empleo sigue desplazándose hacia los tramos más veteranos. De hecho, el peso de los ocupados mayores de 55 años en España avanzó seis puntos porcentuales entre 2014 y 2023, una de las evoluciones más rápidas del sur de Europa.

Este cambio no se reparte de forma homogénea. Hay actividades donde la presencia del talento sénior es claramente superior a la media y donde, además, el relevo generacional empieza a ser uno de los grandes retos de la década. Según los datos difundidos por Randstad con base en el cierre de 2023, los sectores con mayor concentración de trabajadores de más de 55 años en España son administración pública y defensa (30,5%), hogares como empleadores o servicio doméstico (29,4%), actividades inmobiliarias (28,9%), agricultura y pesca (26,3%), actividades sanitarias (25,5%) y actividades administrativas (25,1%).

La lectura de estas cifras va mucho más allá de una simple clasificación. Reflejan dónde se concentra hoy la experiencia, pero también dónde pueden aparecer más tensiones de sustitución cuando se aceleren las jubilaciones de la generación del baby boom. En otras palabras: estos sectores no solo reúnen a muchos profesionales mayores de 55 años, sino que son también algunos de los más expuestos al desafío de reemplazar conocimiento, oficio, relaciones y memoria operativa.

La administración pública y defensa, con ese 30,5% de trabajadores mayores de 55 años, encabeza la lista. No es casual. Se trata de un ámbito en el que las carreras laborales han sido históricamente largas, con plantillas estables y un fuerte peso del empleo público consolidado. Aquí el envejecimiento no solo afecta al volumen de personal próximo a la jubilación, sino también a perfiles clave en gestión, educación pública, fuerzas de seguridad, administración territorial y organismos técnicos. El riesgo no es únicamente cuantitativo; también lo es cualitativo, porque buena parte del saber institucional se concentra en profesionales con décadas de experiencia.

En segundo lugar aparecen los hogares como empleadores, con 29,4% de trabajadores mayores de 55 años. Este dato retrata bien una parte muy concreta del mercado laboral español: el empleo doméstico y de cuidados, donde la edad media suele ser más elevada y donde la estabilidad del vínculo laboral, la confianza y la experiencia práctica tienen un peso enorme. También pone sobre la mesa una cuestión social de fondo: el cuidado de personas mayores, dependientes o niños continúa descansando en gran medida sobre una fuerza laboral madura, con poca entrada de jóvenes y con condiciones que, en muchos casos, no facilitan el relevo.

Las actividades inmobiliarias, con 28,9%, ocupan la tercera posición. Es un sector en el que la madurez profesional puede convertirse en una ventaja competitiva. La confianza, la red de contactos, el conocimiento del territorio y la capacidad de negociación son activos que suelen aumentar con la edad. En inmobiliario, tener más de 55 años no equivale necesariamente a estar en retirada; en muchos casos significa ocupar posiciones de alta credibilidad frente al cliente. Al mismo tiempo, el propio SEPE ha advertido de que las actividades inmobiliarias están entre las ramas que requerirán mayor atención en materia de reposición generacional en los próximos años.

La agricultura y la pesca, con 26,3% de trabajadores mayores de 55 años, muestran uno de los casos más delicados. Aquí el envejecimiento laboral se mezcla con problemas estructurales como la despoblación rural, la menor llegada de jóvenes al campo, la dureza física de muchas tareas y la dificultad para asegurar continuidad empresarial. No se trata solo de relevar trabajadores, sino de relevar explotaciones, conocimientos técnicos tradicionales, redes locales y capacidad productiva. Cuando una parte elevada del empleo agrario se concentra en edades cercanas a la jubilación, la cuestión deja de ser laboral para convertirse también en territorial y estratégica.

En sanidad y servicios sociales, donde los mayores de 55 años representan 25,5%, el dato tiene una doble lectura. Por un lado, confirma el enorme peso de profesionales experimentados en hospitales, atención primaria, residencias, cuidados y servicios asistenciales. Por otro, anticipa una presión creciente sobre un sistema que ya convive con escasez de determinados perfiles. Randstad subraya que en healthcare el grupo de 45 a 54 años lidera, seguido de cerca por los mayores de 55, en un contexto donde los grupos de 25 a 34 y de 35 a 44 años han mostrado retrocesos en los trimestres finales analizados. Esto apunta a una base profesional muy valiosa, pero también a una cantera insuficiente para absorber toda la demanda futura.

Las actividades administrativas, con 25,1%, completan el grupo de sectores con más presencia sénior. Aquí se incluyen funciones de soporte, back office, servicios a empresas y tareas de coordinación donde la organización, la precisión y la experiencia siguen siendo determinantes. En muchos casos, se trata de puestos que han evolucionado con la digitalización, pero que continúan descansando sobre perfiles con largo recorrido profesional. Esto abre una oportunidad interesante: los trabajadores mayores de 55 años pueden seguir teniendo un papel central siempre que cuenten con actualización tecnológica y formación adaptada al nuevo entorno.

Más allá de este ranking, otros sectores también muestran señales claras de envejecimiento. La construcción, por ejemplo, concentra ya 55,5% del empleo en trabajadores mayores de 45 años, y en construcción de edificios ese porcentaje llega al 60%. No se trata aún de una clasificación específica de mayores de 55, pero sí de una estructura claramente madura que anticipa tensiones de reemplazo a medio plazo.

Algo parecido sucede en banca y seguros, donde 53% del empleo corresponde a mayores de 45 años, mientras el grupo de mayores de 55 se mantiene estable en torno a 80.000 empleados. Son sectores en transformación digital, sí, pero también muy dependientes de conocimiento regulatorio, relación comercial y experiencia en gestión del riesgo, terrenos donde el talento sénior sigue siendo muy valioso.

Todo esto obliga a replantear una idea todavía muy extendida: que el trabajador de más de 55 años ocupa un espacio residual dentro de la economía. Los datos dicen justamente lo contrario. En varias ramas de actividad, los profesionales veteranos no son una excepción, sino una parte esencial del funcionamiento diario. En algunos casos, incluso constituyen la columna vertebral del sector.

La consecuencia inmediata de esta realidad es clara. España necesita dejar de mirar el empleo sénior como un problema y empezar a gestionarlo como una cuestión estratégica. Allí donde se concentran más trabajadores mayores de 55 años, hay experiencia, estabilidad, criterio y capacidad de transmisión. Pero también hay una necesidad urgente de diseñar planes de relevo, reciclaje digital, transferencia de conocimiento y adaptación de puestos.

Porque el debate no consiste solo en saber en qué sectores trabajan más las personas mayores de 55 años. La verdadera pregunta es otra: qué ocurrirá en esos sectores cuando una parte tan amplia de su talento acumulado se jubile en pocos años. Y la respuesta marcará buena parte del futuro del mercado laboral español.


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